Esta canción es diferente

 

 

Por Josy Latorre

Guerrillero, guerrillero,
en la calle o en la selva...
Noel Hernández

 


Canción de protesta, de barricada, nueva canción, nueva trova … Con esos nombres surgió a principios de la década del sesenta en América Latina y España una vertiente musical cuyo propósito principal era provocar, a través de la música, un despertar de la conciencia de los pueblos respecto a su identidad nacional y su libertad. Influenciados muchos de ellos por el triunfo de la Revolución Cubana y las luchas que se gestaban en diversos países latinoamericanos como Chile, Uruguay, Ecuador y Nicaragua, decenas de cantautores, hombres y mujeres, comenzaron a cantarle a la libertad, a los estudiantes, a los trabajadores y a manifestarse en contra de las dictaduras, la represión política, el discrimen y tantos otros problemas que enfrentaban sus pueblos producto de regímenes políticos opresivos.


En Puerto Rico, la lucha de liberación nacional, dirigida principalmente en aquel momento por el Movimiento Pro Independencia –luego Partido Socialista Puertorriqueño– y el Partido Independentista Puertorriqueño en la década del setenta, no se quedó atrás. Apoyó también el desarrollo de grupos de Nueva Trova como La Puerta y Taoné y el surgimiento de nuevos cantantes y cantautores que hicimos nuestras las consignas del pueblo alrededor de la guerra de Vietnam, la represión política, el coloniaje, la salida de la Marina de Vieques y Culebra, la libertad de los presos políticos puertorriqueños, la explotación de las minas, las manifestaciones políticas de los grupos estudiantiles, sindicales y anticolonialistas y, de paso, resaltando también la figura del Ché Guevara como símbolo de aquella lucha nuestra guerrillera y de resistencia.


Al movimiento en Puerto Rico llegó una gran influencia desde lugares tan remotos como España, en la voz de Joan Manuel Serrat y tan cercanos como Cuba, en la voz de Silvio Rodríguez y Pablo Milánes. Inmediatamente cantores como Roy Brown, Noel Hernández, Antonio Cabán Vale “El Topo”, Andrés Jiménez, Flora Santiago y Pepe Sánchez iniciaron un trabajo musical al que nos fuimos uniendo otros cantores y creando grupos como Moliendo Vidrio, Haciendo Punto, Tanamá, Trapiche, Moriviví y Aires Bucaneros. Cada uno buscaba su propia identidad y creaba su música a partir de sus experiencias personales y colectivas. Así se consolidó el movimiento de la nueva canción puertorriqueña.


En Puerto Rico la nueva canción dio paso también a una maravillosa fusión de la música con la lírica de nuestros poetas y escritores nacionales como Juan A. Corretjer, Luis Lloréns Torres, Julia de Burgos, José Luis González y Clemente Soto Vélez. A través de ésta sus trabajos llegaron a personas que de otra manera quizás no la hubieran conocido. Así lo reconoció don Juan Antonio Corretjer en 1976 cuando en el Primer Cuaderno Para que los pueblos canten nos dijo: “En modesta prueba de agradecimiento incluyo en esta edición retratos de estas agrupaciones de jóvenes músicos y cantantes que tan generosamente han acogido mis poemas…Ellos han llevado mi poesía adonde nació: el corazón de Puerto Rico.”


A partir de los noventa han aflorado grupos de artistas con su propia interpretación de la nueva canción. Es la generación de jóvenes que crecieron aprendiendo “de rebote” lo que escuchaban sus padres. Ellos recogieron el concepto y lo llevaron a otro nivel al incorporarle nuevos instrumentos, ritmos y maneras de producir sus discos. Entre estos destacan Fiel a la Vega, Cultura Profética y Así Somos. Junto a ellos, cantautores jóvenes como Mikie Rivera, Mima y Chabela, cada uno en su estilo, realizan un trabajo extraordinario. Lamentablemente, los temas siguen siendo los mismos: las injusticias, la lucha de los trabajadores, la desigualdad social y las guerras. Ellos suman a sus cantos los descalabros ambientales y el desarrollo desmedido, la violencia doméstica y de género y la explotación infantil, entre otros temas. Estos nuevos cantores han tomado las riendas del movimiento y hacen lo que históricamente les corresponde hacer. Porque, ¿quién no recuerda al uruguayo Daniel Viglietti cantando A desalambrar durante la década del sesenta en momentos en que los rescates de terreno era la única opción de algunos para tener un lugar donde vivir? Villas del Sol no es un evento nuevo.


He tenido el privilegio de participar del Movimiento de la Nueva Canción puertorriqueña desde la fundación de Haciendo Punto en Otro Son junto a Irvin García, Silverio Pérez, Tony Croatto y Nano Cabrera en 1975. Posteriomente Iván González, Nena Rivera, Jorge Arce, Pedro Guzmán, Rayda Cotto y Nana Latorre, entre otros, continuaron la tarea hasta el concierto Punto Final en el teatro de la Universidad de Puerto Rico en 1986. En el 1992 Irvin, Silverio, Tony y Nano respondieron a mi convocatoria de reunirnos y entonar nuevamente la canción de Haciendo Punto. Diecisiete años más tarde, y después de varias despedidas, tristes duelos y juntes esporádicos con algunos de los ex integrantes, Haciendo Punto sigue dando la batalla. Ahora la responsabilidad mayor recae en Irvin García y esta servidora quienes continuamos cantando para que siga vivo un proyecto musical que el próximo año celebra su trigésimo quinto aniversario.


Lógicamente, el movimiento de nueva trova en sus diferentes etapas no ha sido nunca bien recibido por los sectores más conservadores y asimilistas de la sociedad. La idea de que a través de la música la gente despierte, asuma posiciones y exija lo que en derecho le corresponde no les resulta nada simpática. Sin embargo, la nueva canción siempre ha sido frente de resistencia en la lucha por fortalecer nuestra alma colectiva y nuestra identidad como pueblo.


Nunca olvido cuando en el 1976 Haciendo Punto se presentó en el antiguo Centro de Convenciones en el Condado. Era algo inusitado, la presentación de un grupo de nueva canción en aquella prestigiosa sala. Pero el reclamo de la gente por la música que estábamos cantando era imposible de acallar y requería una sala más grande. Algunos senadores y representantes acudieron al concierto. (Ellos también iban a vernos pues les gustaba nuestra música y nos “perdonaban ese pequeño defectito” de ser independentistas). A la salida, uno de ellos fue entrevistado por la prensa y su comentario fue: “Hay que tener cuidado con esta gente”. Era evidente que la nueva canción estaba causando un revuelo que trascendía los ámbitos de las universidades y los café teatros del Viejo San Juan. Ya eran miles los que coreaban Verde Luz, La Muralla y Ensillando mi caballo.


La nueva canción crea entre la gente un sentido de orgullo por lo que somos que puede resultar amenazante cuando vivimos en un país donde la pretensión es irnos quitando las capas de nuestra identidad y borrar todo lo que suene a puertorriqueño. Por eso puede resultar incómoda para algunos, porque como bien canta El Topo, “esta canción es diferente, tiene pasión y tiene fuego, es un grito de amor, es un encuentro del hombre de la calle con sus sueños”. Así fue en sus inicios y así sigue siendo hoy día. La situación no ha cambiado mucho y el problema fundamental sigue siendo el mismo, la falta de libertad de nuestro pueblo. Ante eso, la nueva canción tiene que seguir cumpliendo su función. El grupo libertador ecuatoriano Jatari lo expresa muy bien cuando dice: “Cuando no hay libertad, apremia el deber de cantarla hasta verla florecer.” Ese sigue siendo nuestro compromiso.